domingo, 19 de junio de 2011

Mercado de la desigualdad

El mercado del fútbol venezolano se mueve con anuncios diarios en los medios y un tráfago constante de nombres que, como en los tiempos de la conquista del Oeste en la fundación del territorio estadounidense, se trasladan en hordas hacia aquellos lugares en los que el brillo del oro anuncia tiempos de vacas gordas. Hace algunos años el destino era Maracaibo; más recientemente, Caracas, Puerto Ordaz, San Cristóbal o Puerto La Cruz. Hoy la promesa dorada llega desde Barquisimeto, ciudad en la que el C.D. Lara refunda ilusiones con su chequera inagotable. 

La ecología del torneo local sufre con este trasiego que arrasa con la pasión de los hinchas y la estabilidad de los clubes, sometidos al vaivén de dirigentes enceguecidos y cortoplacistas. Zamora ganó el pasado Clausura y se erigió en el equipo de moda con una propuesta de juego innovadora y fresca. Semanas después se reconstruye bajo las cenizas, con la base de su plantel y todo el cuerpo técnico mudados a otros lares. 

Pocos apuestan por proyectos que garanticen más que una estrella. La racionalidad no abunda en las cabezas de los directivos, desconocedores de la dinámica de este deporte y presa fácil de los representantes e intermediarios, cuyo apetito voraz huele la sangre donde quiera que se derrame. Los capitales aparecen y desaparecen sin que medie un control sobre su origen. Es vox populi la firma de contratos mixtos (en dólares y en bolívares) cuyos valores desafían a la lógica. Se convive en una realidad hipertrofiada, con mano de obra sobrevaluada y complicidad en negociados que pisotean la ética: ¿cuántos jugadores y entrenadores arreglaban contratos con nuevas divisas mientras competían con las camisetas que asumían sus salarios y apostaban aún por objetivos deportivos?

La pasada temporada dejó aspectos positivos en cuanto al crecimiento del campeonato. Plazas que dieron pasos hacia adelante, conjuntos que alcanzaron metas relevantes con presupuestos austeros, y un incremento notorio en las asistencias gracias a la mayor visibilidad mediática ganada por la presencia constante de hasta tres canales de televisión. Pero todo eso no justifica –ni sostiene– semejante derroche. Todavía no apareció el primer club que pueda demostrar autogestión y solidez financiera. Y en este proceso la Federación, como ente aglutinador y autoridad máxima, debe establecer un orden so riesgo de perder autoridad sobre lo que pasa.

La solución debe ver la luz en la propia dirigencia. Sincerar presupuestos, proteger a aquellos que se conducen bajo parámetros racionales y procurar la igualdad competitiva son aspectos que deberían copar los primeros lugares en la agenda de acciones. Manejar el torneo con criterio de libertad de mercado comporta más peligros que beneficios. Con la intervención de los dineros públicos, el equilibrio y la libre competencia pasan a ser entelequias. Sin empresas saneadas, administradas con propiedad y controladas en su gestión, la amenaza de quiebra, insolvencia e inestabilidad rondará por las oficinas de los equipos de primera división sin que haya a quien exigirle responsabilidades.

El ruido de los nuevos fichajes. Las expectativas que generan en los aficionados. El efecto multiplicador que el periodismo añade a cada anuncio. Todo forma parte de un juego ficticio y pernicioso que, contrario a lo que pueda parecer, no habla de progreso. Al mercado le hace falta un ente fiscalizador que garantice el crecimiento y promueva la convivencia igualitaria entre sus actores.

martes, 19 de enero de 2010

El trapecio de Miku

Como a los ejecutantes del trapecio, el vértigo y la adrenalina curtieron el carácter de Nicolás Fedor. Con maestría circense asumió el riesgo de iniciar la aventura europea a los 15 años de edad, aferrado a su columpio de ilusiones bajo una carpa sin red. Lo fichó el Valencia siendo un adolescente al que todavía le chirriaban los botines embetunados con asfalto caraqueño. Y, de suerte en suerte, fue aferrándose a los balancines que pasaban a su lado con la convicción de quien conoce la fortaleza de sus muñecas. Alcoyano, Salamanca, Ciudad de Murcia, Nástic de Tarragona y de nuevo Salamanca fueron sus destinos en ese fútbol árido, de promesas y mercenarios, que lo hizo hombre con más barro que bambalinas.

Cuando ya los carteles podían anunciar a Miku sin apelar a las comillas, el delantero había añadido a su juego madurez y temple. Los partidos con la Vinotinto acabaron de moldearlo y proyectarlo hacia la primera división española, en la que pudo debutar hace pocos meses con el club que lo formó. Aquel jugador de técnica limitada y movimientos desordenados que el país pudo ver en el Suramericano juvenil de 2005, dio paso a esta versión afinada que muestra el crecimiento y margen de mejora del atacante. Sus escasas apariciones en el Valencia, marcadas por la presencia del estelar David Villa, bastaron para ponerlo en la vitrina de la Liga de las Estrellas. Hoy será anunciado como nueva pieza del Getafe con un contrato por cuatro temporadas y media, sueldo similar al que percibía y opciones de recompra para el cuadro “che” por las próximas dos campañas.

Es el momento más importante en la carrera de Miku Fedor. Un paso adelante, por encima de que la categoría de su nuevo conjunto sea inferior al Valencia en palmarés e historia. La posibilidad de disponer de minutos y la confianza que le ha transmitido el entrenador que lo recibió en la pequeña ciudad del sur de Madrid, le abren al venezolano las puertas tantas veces golpeadas.

Míchel, el preparador del Getafe, será quien le imparta órdenes desde esta semana y fue la persona que más tuvo que ver en la determinación de no concretar la cesión al Málaga hasta junio, tal como se había anunciado. Los andaluces estuvieron detrás de Miku para reforzar su delantera en el mercado de invierno e hicieron movimientos en su plantilla para acogerlo. Pero una conversación entre Míchel y los representantes del criollo (los hermanos Lorenzo y Alberto Toldrá), acabó por darle un giro a esta historia. El mítico ex jugador del Real Madrid y la selección española aseguró a los agentes de Fedor que contaría con su representado (como titular o como suplente) en un alto número de encuentros hasta el final del torneo. De hecho, ya hasta le asignaron un número de dorsal: el doce.

Días antes una conversación informal entre Miku y Adrián González, hijo del preparador y actual jugador del Getafe, arrojó las primeras claves. Antiguos compañeros en el Nástic, la charla sirvió para pulsar la opinión del goleador: si Míchel confiaba en él, prefería quedarse de una vez en la capital de España. El mensaje le fue transmitido al presidente Ángel Torres, quien decidió entonces abortar el préstamo al Málaga, que solo había sido convenido de palabra.

Esta tarde en Getafe habrá más focos que nunca para Miku. El trapecista anuncia la puesta en escena de su más celebrada cabriola. Mentalmente repasará cada movimiento y ejecutará el triple salto mortal, en imágenes que acapararán sus pensamientos y le robarán el sueño. Hasta que tenga en sus manos la camiseta azul y pueda mirar en perspectiva. Entonces, la red solo será una metáfora del gol.